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Estrategia interna, estrategia externa

Escrito por Webmaster / 21 de noviembre de 2009

El poker requiere de un alto nivel de táctica. Por debajo de su oropel elegante y sobrio, se desencadena un toma y daca en donde sencillamente los más diestros arrebatan el bote a los menos avispados. La deportividad es una derivación de esta contienda, un contrapeso a esta intensidad combativa desarrollada en el flujo de las acciones. Y una de las armas de mayor peso es la de la imagen que se presenta ante los rivales de juego.

Estrategia interna, estrategia externa

Estrategia interna, estrategia externa

La imagen mostrada por un jugador es esa virtual presencia que se pondrá en confrontación con la de los demás. Para manejar esta dimensión superficial del poker se necesita una estrategia externa, muy diferente a la estrategia interna que se precisa para llevar el flujo de nuestra mano en la privacidad de la conciencia.

La dimensión superficial

En una competencia se puede exhibir una apariencia belicosa, neutral o conservadora, dependiendo del estilo de juego de cada participante. Sin embargo, esa apariencia es la que se conservará a lo largo de todos los derroteros del juego. Y así, de esta manera, cada apuesta, cada pase de juego, cada carta solicitada tendrá esa impronta inicial que hemos elegido tomar.

Es la dimensión superficial del poker, una confrontación entre sombras proyectadas con cálculo y voluntad de dominio. Pero hay que tener cuidado en manejar esa falaz personalidad en el flujo de las jugadas, puesto que por ejemplo, si se elige subir en el bote en cada ocasión, por no traicionar una imagen de dominio extremo, los rivales pueden anticiparlo y subir más la apuesta para dejarnos fuera de la jugada con suma facilidad.

La dimensión interna

Ahora bien, es necesario concentrarse con la misma intensidad en el juego interno, la elección que se hace de la pertinencia de un naipe, la conveniencia de cambiarlo por otro, la decisión de retirarse al evaluarlo como razonable o incluso inevitable.

La visualización de las cartas provoca vacilaciones involuntarias en la imagen presentada ante los demás. Por esta misma circunstancia no conviene nunca mostrar las cartas, aunque si se cuenta con una mano fuerte conviene enseñar el AA para sembrar duda entre los rivales. La mejor apariencia para un jugador es la de un contendiente inflexible, centrado y concentrado en los botes, que hace evidente que no está pugnando para ganarlos sino para hacer crecer la apuesta y tomarla en cuanto uno lo crea conveniente.

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